billa fun sin

billa, leer, leer y leer, escribir, escribir, escribir
IV
billa
Fun sin
Abril 2oo6
**************************************************************************************************************
*Pípola Narts- Sín título
*Almita- De Fase 2 del Amor
*Reynaldo Vargas- El Alajerito
*Chica Novarro –- Grogui
*Gordo Wilde - Dorian
*Liz Taylor -– Lesbian Project (4ta y última entrega)
*Artur Rambo- Iluminaciones a los golpes
***
Pípola Narts
Es como un ungüento fijo, una cacerola de cholgas, algo que mata abrasivamente, una marea tóxica y los monstruos marinos a su alrededor. el cilindro al lado del trapecio, el cuerpo oval frente a lo oblongo. tenerifes de arrecifes, claro, entre las pilas de libros asoman las postales, las cuentas de servicios y los papeles impresos al pasar, hay una tonelada de caligrafías, y así se sucede, flota, la mar. tenía tantas fintas, y tantas nubecillas, el impacto de los deseos del pasado se arremolinaban en el remolino de cada gota de lluvia en el balcón, y el pequeño zócalo, tan útil, tan dique, servía a la inundación. la tinta podría fallarte mucho, y el estallido de la corporación pequeña en el rincón. no hay asidero de la memoria. toda la sintaxis de repente enmudeció, es un horizonte de finitas retahílas, y fuegos mortecinos que aspiran a lastimar. lo pastel se me ha acabado. algo se le ha rociado encima. el paraíso de la fruta es una coctelera de drogas. hay tanto sudor en una noche de verano. y mariposas de fuego fatuo, cartones deshilachados. todas estas superposiciones generan la suposición, el supositorio infeliz, el palo sublimatorio de la espada. dame un té de grafito, pero si te lo estoy dando. lo láser. lo que es nuevo a la física. hay un kilogramo solo de sorpresa en todo el mundo y todos lo hemos hallado.morder la mirada o torcerla es un giróscopo de iluminación teatral. debieras descansar, pide tu madre, dejar de producir el tiempo.
*
Almita
De Fase 2 del amor
El implante
a ciegas la compleción
la pasión es necesaria
pero la escala se mantiene
el punto original de cada cosa rellena las razones al punto de ocultarlas
el trazo dignifica por el trazo mismo
algo sucede
la interpretación no es convincente
el sentido se acumula
la repetición de lo mágico no lo encarna
los espasmos parecen improvisados, novedosos, incontrolables
los mismos espasmos de siempre no
hoy toca una comedia,
las noticias implican el bajofondo,
lo peor como una amenaza, un balance, un basta ya
dónde reside lo verdadero, si no es claro, en este momento
los pañales y el remordimiento
se pasman
el pasmo es ese paso
haber diseñado un edificio de niño
no hay redes de cumpleaños, no hay milagros, solo trabajo
ése es el sentido del abandono y de la soledad, pero también del atajo, y del implante
hay un camino que clama ser recorrido,
un deseo, un sueño
un amor
se va delineando
aun entre la duda
nada puede ser forzado
*
Reynaldo Vargas
EL ALAJERITO
De un salto estoy en el pasto
mojado, temblando
y caliente
voy agachado
a garcharme a la Candila,
entro por la ventana
y le tapo la boca
en sus ojos de miedo
hay algo de puta
le subo el camisón
en silencio
sin dejar de vigilar
la puerta del Rómulo,
mojado y caliente
le entro de yeno
sin tantear ni nada
Candila me muerde los dedos
de puta que es
le abrazo el culo
y siento
sus piernas flacas
sin sangre,
miro de refilón
la silla de ruedas
ahí me hago el distraído
y le salgo de encima
para que me la chupe
en silencio,
cuando le yeno el buche
sin dejar de vigilar
la puerta del Rómulo
me levanto los calzones
le abro el alajerito
y le pido una cadenita,
de un salto estoy en el pasto.
*
“Chica Novarro
Grogui
“(...) Así envérase el fin, como todo,como polluelo adormido saltónde la hendida cáscara,a luz eternamente polla.Y así, desde el óvalo, con cuatros al hombro,ya para qué tristura.(...)”César VallejoPerdidoel groguipide lo pierdeauxiliopara el grogui perdidoen aquella campiña, auxiliodemasiada malezademasiado verdor para ese groguiperdidopide nudomás vueltas de cuelloel cuello el cordónperdidoen altas campiñasdel monte, oyeel grito del grogui.Dulzor de ese útero gritasgroguitú gritas ombligotú pides calorgroguicon aquellos gritos tú espantastú pierdes el hiloel grano el caminode vuelta rasgadotu ombligo partidoy tú perdido, groguien aquellos oídos tú pideel útero busca en aquellacampiña que busques el nudoen aquellos pajonales intentagroguiintenta dormir intentatú duermes, groguiyo grito.
*
Gordo Wilde
Dorian
Lo matamos,
lo cagamos a piedrazos
y le metimos
un palo de escoba en el orto.
No nos había hecho nada,
sólo estaba indefenso.
Su madre, quizás, no estábamos seguras
le había dicho una estupidez a Laura, una vez.
Lo hicimos luego de la clase
raro, porque, en general,
nunca estamos las cuatro al mismo tiempo.
Fue un gesto natural.
El no nos hizo nada
No lo hicimos por maldad.
No lo hicimos por realismo.
*
Liz Taylor
Lesbian Project (4ta. y última entrega)
Jugar con fuego
¿Qué vas a hacer ahora Calabacita?
Ahora que yo no estaré más
¿Quién derramará su sangre por tí?
¿Quién hará de cordero sacrificial?
Nena, dime
¿De quién te defenderás con tanto ímpetu?,
¿A dónde huirán tus pasos danzarines?
Ahora que ya no huyes de mí
¿Qué vas a hacer Calabacita cuando tus perros falderos hayan devorado toda la carne de tus huesos?
Cuando el peso de tu imperdonable cobardía caiga sobre ti y te aplaste y reviente como el vil gusano que fuiste conmigo, perra de mierda
¿Qué vas a hacer tarada drogodependiente cuando tu inmensa mentira comience a oler mal, igual que los restos de los quiltros pobres que se pudren a los costados de las carreteras de alta velocidad y que se parecen tanto tus amantes deslavados?
Cuando ya demasiado vieja y demasiado fea te acuerdes
de mi
pobre poeta
a quién le negaste el sol y el agua bendita que manaba de tus tetas
a la que le cerraste engreída las puertas de tu coño lleno de peligros
como quién cierra las puertas del cielo
A mí
que sin embargo
fíjate tú
pude seguir brillando
Luego del brutal rechazo
de la broma de mal gusto
de la ambigua necesidad de tu ego ciclópeo
que se cree sol
y quiere planetas girando alrededor.
Nena, dinamitaste mi casa, ¿You Know?
Envenenaste mi agua y me robaste un montón de palabras que guardaba con otros fines ¿Sabes?
Me pregunto
¿Qué vas a hacer
pendeja miedosa
cuando esa mujer que no quieres ver
que no quieres besar ni lamer
te mire a los ojos riendo con una belleza más real que la tuya, digamos, naturalmente dada?
¿Qué vas a hacer
cuando por casualidad
encuentres estos versos
y te reconozcas en ellos horrorizada?
Los dioses saben
que nunca quise
albergar malos sentimientos para ti
Los dioses saben
que quise convertirme al budismo
para amarte libre y transparente
Pero sucede que tengo una sangre de mala calidad ¿Sabes?
que se incendia por cualquier cosa
y no hay agua
que apague este desastre
Tal vez sea una sangre barata,
altamente combustible
Y la verdad es que a ti cariño
para qué estamos con cosas
te encanta jugar con fuego
*
Artur Rambo
Iluminaciones a los golpes
I
El helecho enquistado en la pared de granito, ocupa una cisterna, arroja pespuntes de papel picado como nieve cortante y electrizante que da vida al laurel. El laurel es de nuevo una chica que extraña raíces y desea hundirse en el mar. Se mete en el agua pero nada. Descubre que la nada se puede llenar, ama de repente, nadar y nadar y ama creer que nada, sobre todo, en el mar. Pero nada en un ancho río y llega a un delta y un arbusto le cae en la cabeza y ve las estrellas, como velas encendidas en una torta del universo.
De sopetón el bebé acaricia el chupete, lo roza y lo apreta, con amelonado interés. Segrega por la boca, su baba pegajosa, teñida del helado que recién se comió. Al rato se aburre y chilla y gimotea, abandona el chupete, al aire y al sol. Cae sobre una hormiguita que pierde por el golpe un ojo y también la memoria. Su ojo cae entre la baba del chupete y la hormiga libadora se lo come por angurria, irrefrenable gula de aquel néctar de dioses de látex esponjoso y microparticulas de helado de frutilla ya saboreado y rumiado. Nada de esto sabe la hormiguita- cómo podría además, si el aterrizaje sopetón del chupetón le borró todo registro del mundo exterior. Una con el universo, la hormiguita no sabe lo que es nacer. Vive feliz como parte del chupete, sin diferenciarse, a años luz previos a la fase del espejo. Hasta que otros insectos aborden el manjar o simplemente la baba se seque al sol, o nosotros nos vayamos de la plaza.
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billa
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III
billa
Fun sin
Noviembre 2oo5
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*Pura Adolescente - X
*Irma Morán - Minnies
*Chica Novarro –- Goma de Mascar
*Morcilla Adams –- Ejercicios de Autoayuda
*Liz Taylor -– Lesbian Project (3ra. entrega)
*Abadesa Morland - Ser víctima del sacabocado
***
Pura Adolescente
X
Estaba enferma. No podía hablar, por más que tosiera. Miraba la lámpara encendida al costado de mi cama y veía vidrio. Vidrio encendido. Vidrio iluminado. Vidrio esmerilado cien veces una arriba de otra. El brillo era eufórico, nítido y no podía titilar, sólo subsistía descostillándome. En las paredes había más de cien cuadros, todos desconocidos. Cada mañana observaba uno nuevo, ¿es que se renovaban, también, como el velador? No puedo decir una palabra más sobre esto. Preciso es callar porque las cosas gimen pidiendo silencio. Su gemido me hace hablar lloriqueando, mientras crece el domingo hacia su noche. La gente es automática, con un horario para prender el velador, la estufa, la araña. La noche cae como un interruptor, helicópteros vigilan la regularidad de lo que la gente produce con un gesto de calor, como bañada de un encanto seductor que conduce a la muerte. Sólo veo ventanas y cuadros a la luz de un torrente de veladores. ¿Es posible? ¿Algo va a callarse al fin? Maldita música, crece como un miedo.
Nubes espumosas y frías del norte de los sueños. Recuerdo una frase y nada más. No pidan milagros. Estoy en la cama, sin tele, no pienso atender el teléfono, que igual no suena. Alto. No estoy enojada. No quiero decir no. Pero el termómetro me marca. Ayer quise entregarme a Euforia... Faltó ella a la fiesta que secretamente organicé para encontrarla. Mi única esperanza. El desierto corporal del baile, un formulario similar al de los veladores. No llevé tarjeta, no tomé. Entré, me senté en la cabina y me sentí mal. Igual la noche estaba brillante, con bolsas ochentas y tragos intercambiados. Me van a traer una tele. La mujer escondida en la fiesta era ella o no fue. Yo sigo cuidándome solo. Estoy internado en un bazar leyendo al mejor bailarín ruso. Et toi, Darka, pourquoi n’étais tu pas hier soir?
Si me la traen a la tele creo que la voy a incendiar. Esto lo digo sin fuerzas, inventando algo para agitar en medio de la estupefacción. Tengo cuadernos escritos con tinta sin diluir. El agua no está ahí. Los adolescentes son los que prenden la luz más tarde, cuando creen que no los veo. Susurran solos pensando que no tienen edad, pero un cable les conecta el cerebro a todos. Estrecho esos pecosos deseos como si fueran míos y los retuerzo en una página escrita.
Esta noche voy a calzarme y salir. Me pongo el traje de X. Aspiro un poco antes y después. La noche será astringente como un té insalubre, ácido, frío, que rasca. Me encanta. Air de renovación, que le dicen. Los pichones estarán sueltos pero lejos. Darka se acercará, no temo. No pienso... comer. Sino moverme. Ropa roja por la casa que me puse hace un montón. Si voy a la cocina o al baño la veo diciéndome “¡rojo!”, “¡rojo!”. ¿Qué esperar de mí? Soy un despojo enmascarado. Por suerte están llamando a otras personas, no a mí, porque no podría decir “ah”. Acá las que hablan son las cosas rojas, hablan solas y de casualidad yo las escucho. ¿Pavadas? Acaban de decir su hora. La hora roja. ¿Darka sangra? You wish. Porque sos un chupasangre de primera, sí, a vos te hablo, dicen jalando alas vampirescas. Ah, ¡ah!, ¡ah! Ah.
31.8.3
*
Irma Morán
Minnies
*
definiciones, títulos de cuadros, nombres de platos, leyes, refranes, haikus, ejercicios de fonética
*
el alto titilar
del tronco
ímpetu
*
el abrazadera
del agua
con el arena
*
imitación
hoyuelo
Loyola
*
topless
lesión
maple
*
hipito del Irupé
hipocampo
hipertexto
*
mercurio
hojuela de té
tiburón
*
puente del punto del espanto
pentatonal la pinta del pontífice
*
París
palimpsesto
laptop
*
arroz, róbalo adobado con corazón cangrejo
*
iridiscela, montón de plasma, manta raya bebé
*
bemol, cincha y ballesta
vertebrado afín a dos
*
velo
belleza
batman
*
acápite
Guillermo
guillotina
*
ipso
límite
piso
*
angustia
añil indeleble
del pasto
*
rosca
punk
tequila
*
sortear, trotil, saeta
berebere del bumerang
*
unto, izo, andarivel
*
Corea
cara de agua
*
armadillo, tijera
Massachussets
*
incaico, cauto, Pilate
casquete
*
Madness
Lorna
Resnais
*
pichicho con poncho y pirulín
*
pasta, petardo, potosí
torta tostada
*
print
karaoke
abstract
*
pilotín polenta
cafetería del hospital
*
pizca
prosa
prudencia
*
Percy
Bisshey
Shelley
*
palta, arca, púlpito
cazuela de mariscos mexicanos
*
seso, sésamo, maní
minuto del pueblo
*
boina, polaina, polera
pollera, casaca y botas
*
campo de luz
gama circulante de hueco
*
ígneo
Irma
triplete
*
acanto
miel elevada de los llanos
*
pelota de tela de avión
*
ronco, branco, trento
pasó un sueñito violento
*
me encantó
el árbol violado por las abejas
*
gozne
dolmen
Deleuze
*
tripa
trozo interno del trueno
*
rendez-vous
rimbombancia
bombacha
*
zarpulle, cava, hamaca
paspa, carcome, ensilla
*
el parthenón en posición
*
un horripilante silbido filipino
*
entortillage
enredo
subterfugio
*
almizclera
mezcla el alma
*
pote
potaje
polder
*
ruido de lata
sueño
delaciones
*
“Chica Novarro
Goma de mascar
Fuera de todo
fuera de sí
del eje partió hacia la blanca nevada
Desde la ventana me veo
el murmullo, la muchedumbre
cargada la boca
rebalsa.
Redoblan mis oidos hacia fuera
desdoblada
plana
casi una muerte al revés
pequeña muerte
oh, canto.
Lo que escucho afuera dispara
sobre mí como chicle rosado
un chicle aplastado
abierto
desenrrollado
Estaba yo
plana
abierta
un chicle en el asfalto
adelante
bienvenida al mundo.
*
Morcilla Adams
Ejercicios de Autoayuda
Repita conmigo
vos tenés la culpa
vos tenés la culpa
vos tenés la culpa
vos tenés la culpa
vos tenés la culpa
vos tenés la culpa
vos tenés la culpa
vos tenés la culpa
vos tenés la culpa
vos tenés la culpa
culpa mancha venenosa
la culpa es tuya
la culpa es tuya
la culpa es tuya
la culpa es tuya
la culpa es tuya
la culpa es tuya
la culpa es tuya
la culpa es tuya
la culpa es tuya
la culpa es tuya
me dejo meter el perro
me dejo meter la culpa
¿quién tiene la culpa?
A ver, ¿quién tiene la culpa?
¿quién HIZO eso?
"Hechos, no palabras"
Palabras, chichi, no hechos
"vos tenés la culpa"
me meto la culpa
yo solita
bien adentro
bien hasta el fondo
me gusta bien adentro
me gusta bien hasta el fondo
pero me gusta que me la metan
no metermela
me la dejo meter muy fácil
me la dejo meter enseguida
porque quiero que me la metan
pero la pija, no la culpa
la culpa me la meto yo
cuando yo quiero
*
Liz Taylor
Lesbian Project (3ra. entrega)
Hoy Calabacita No
Hoy calabacita no despertó amodorrada
ni se paró frente a la ventana a recibir los primeros rayos del sol.
Hoy
no mordió sus frutas
Ni desplegó sus alas magníficas
a lo largo y ancho de esta casa.
A mi en cambio
me crecieron unas de murciélago
en la espalda
muy feas
por lo demás
Hoy calabacita
no se despidió al salir
ni me deseó un buen día.
Hoy me levanté con partes menos y una gotera adentro
que a estas alturas de la jornada ya ha anegado gran parte del edificio.
Hoy calabacita no posó distraída sus dedos de algodón en mis viejas costras, ni alivió con su danza de princesa rusa
dolores tan antiguos.
Hoy calabacita no me vio llorar ni escuchó teclear estos versos para ella.
*
Abadesa Morland
ser víctima del sacabocadouna pequeña gárgolaen la columna de la catedralalas de murciélago inexpertoingrato migrauna abadía más húmedaenmohecida y verdosaojos de fuego famélicoradiante acechasin atacarescalofrío de invierno nevadoun miedo visceral
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billa
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II
billa
Fun sin
Marzo 2oo5
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*Naomi Ed - I want you as I would a monkey
*Delio Leopardo Ink - Ur(b) Zonul
*Tritanne Le Monde -– Eróticas (2da. entrega)
*Liz Taylor -– Lesbian Project (2da. entrega)
*P.Rosa Barata- LA QUEJA (fragmento)
*Chica Novarro- En el campo
*Lorelei Ríos Le Habre-manejar un auto...
*Almita- El intercambio positivo
***
Naomi Ed
I want to grab you as I would a monkey.
Only a little bit softer
I’m not going to tell you my secrets
I prefer to cut your vessels before.
And watch you bleed to death…
Yes, a mongoloid is only happy when he has a good master
I think that you want to wake up the wild within me.
I warn you, I have no moral
I’m going to penetrate you hours and hours till fainting with pain
I am a happy mongoloid
I am a tiny mongoloid monkey
You can blind me with shining if you want, it’s up to you
I am ready. I am yours.
Happy sunset
Night at last
Let’s throw ourselves into the snow like idiots
Throw and freeze ourselves of idiots
To die like that…
Why not?
Let’s bring pillows, for sure.
I cannot stand not having pillows.
If you want my body, touch it…
If you want to forget the poison of one love, touch me.
If you want to faint with pleasure, touch me
I promise to rape you as much as you ask me to
I’ve no compassion with treason
With my treason…
The drops appear in my sex
Your mouth becomes water
Do not ask me for more
Then the day comes and you will be sick…
Beach, ray, let’s go to the picnic, come on.
I want to play cowboy while we drink orange juice
How pretty,
I’m wearing the robe des chambre, bordeaux.
In the stairs, where we are so close, nobody will find you,
music… give it some music
I dare to say I was waiting for you and you didn’t come
Rain is already here. Snow is white.
To fish in the Iberá. To wear a neoprene and go out swimming. Go by, I don’t know, Rauch, and wave the little fishes and kiss them on the mouth, tongue kisses. I’m a happy mongoloid, I’m a little dog, a happy peronista puppy dog. There are no carnations, for sure. I have the hope of waiting for nothing and take currents that go downriver, maybe to some good waterfall. I’m a mongoloid. Scratch my back.”
***
“Quiero agarrarte como lo haría con el mono
Sólo que un poco más tierno
No pienso decirte mis secretos
Antes prefiero cortarte las venas
Y verte morir desangrada…
Sí, un mogólico es feliz sólo cuando tiene un buen amo
Creo que querés despertar lo salvaje que hay en mi.
Te advierto que no tengo moral
Voy a penetrarte horas y horas hasta desmayar del dolor
Soy un mogólico feliz
Soy un monito mogólico
Podés encandilarme si querés, depende de vos
Estoy dipuesto, estoy entregado
Feliz atardecer
Por fin la noche
Vamos a tirarnos en la nieve como imbéciles
Tirarnos y congelarnos de imbéciles
Morir así…
¿Por qué no?
Llevemos almohadas, eso sí.
No soporto no tener almohadas.
si querés mi cuerpo, tocadlo…
si querés olvidar el veneno de un amor, tocadme
si querés desmayar de placer, tocadme
prometo violarte todo lo que me pidas
no tengo compasión con la traición
con mi traición…
las gotas se forman en mi sexo
tu boca se hace agua
no me pidas más…
que en el Golán
luego amanece y te dará asco…
playa, rayo, vamos al picnic, vamos
quiero jugar al cowboy mientras tomamos jugo de naranja
que lindo,
me puse el robe de chambre, bordó.
en las escaleras, donde estamos tan cerca, nadie te encontrara
música… dale música.
Me animo a decir que te estuve esperando y no apareciste
La lluvia ya esta. La nieve es blanca
Pescar en el Iberá. Ponerme un neoprene y salir a nadar. Pasar por, no sé, Rauch y saludar a los pececitos y darles besos en la boca, besos de lengua. Soy un mogólico feliz, soy un perrito, un cachorro peronista feliz. Claveles no hay, eso sí. Tengo esperanza de no esperar nada y tomar corrientes que vayan río abajo, quizás hacia alguna buena catarata. Soy un mogólico. Rascadme la espalda.
Traducción de N.N. Cruz+
*
Delio Leopardo Ink
Ur(b) Zonul
Yendo por las correas de transmisión de particlos
se pierde poco al no subir hacia la urb-noche.
Se pierde más al participar de lo que se deben sus figuras.
En cambio en el auto destartalado y a gas diría:
"¡Zauummm!:
vení a pintar el cuarto, llenarlo de jeroglíficos".
Separados de la ganadería selecta a horadar el antro
y hasta seis o siete más pueden funcionar, hacer muta
pero treinta, dos mil, son nadie en menos de dos elecciones.
La fuerza va de a poco entre seis o siete desasimilados.
Después las sintonías, la radio, puede ser vasta
pero tan pocos hacen falta para investir tanto
desde una estación que en medio de la ciudad
conecta a las transformaciones del extrarradio.
Y ni siquiera mascar un chicle de mercado
sino caucho de la selva, de las llantas
de un látex que a las cinco se parece a nada junto a la silla.
Si los capos de la noche te saludan hoy, mañana te olvidan.
Pero la noche se olvida de todos cuando entran al sueño
al baño,
al saco.
Todos desarmados y flotantes en la escucha de la madrugada.
Y desde el más sobreintencionado hasta el menos
al momento de teclear puede que olvide,
gran momento, gran terraza,
donde amar el vacío que alrededor vira.
Me rozás
y alcanza para un día o dos entre las plantas.
Si tanto viaje hasta encarnar una estela de percepción, hasta hacerla contagiable o nítida,
no más explicaciones para el deber de hoy
no más calles ni rutas hacia las discusiones y encuentros
sino esta pista, la barraca,
o exagerando justo:
el terraplén, la pocilga,
derramando sobre la Tierra a tal hora
donde ya no habría
fronteras de la noche con la noche
ni del avión con la noche
ni de los que viajan con la azafata
ni de ella
con lo que no ve:
¿a quién le sirve la copa,
con quiénes cuelga de la turbina por el espacio negro?
Ante ese crack
la respiración de un hijo suena a paz entre costuras
aunque sólo si duerme la filiación que nos rompe
y despertar liberados a lo que no se hizo
entre par tan extraño: padre e hijo,
cómo
volver a desdoblar su azar inmenso
pasándonos de ola en ola de nuevo.
Así nuestras amistades son fútiles o efímeras
y sin cálculo de superior especie
ni jactancia de capitán solo
pero solos de conectivos en tribu
y en descartables combos de unas horas
de todovirar sobre un punto afectado
para nunca más emplear al pueblo.
Abrazados a ese amor tenso
y al confabulársenos las glándulas
la cabeza tiembla, efervescen los senos
y si phonea la nariz aspira la fosa
y aun cuando nuestro medio sea
la clase hiper-medial
su alcohol de disputas entre nadies
amisando la acuarela de época con debates
aún así habremos de consumir
siempre de menos o de más
donde no corresponde.
Pero roto el jarrón de época
cocktelizan tus letras a un transistor roto.
Y se lo vuelven a cobrar
regalando más jarrones al ministerio de relaciones.
Mientras tanto aquí arrasa
subíteme el vértigo
de todos los dromedarios
en un sólo estómago autonomizado.
SED:
el ojo que respira del desmayo.
¿Adónde podría estar sino
si la polirritmia de la frase hace capas, capote con el cuerpo?
¿Qué dice la villa que golpea las vistas?
A veces de noche no dice
y no se parece a nada que se haga coincidir con ella.
La vía de las antenas prima
pero cuentan menos que las transmisiones de particlos
empolvando las narinas veraniegas
de los que viborean en sus backstages de lianas
hechos a la barbarie corta y eficaz
de un afecto neto, sin más puertas
que su ENTRE
abierto a los paladares abiertos y sin techo
se lamen, esa perla
escondida entre la nuca y el diente.
Collar de perlas escondidas,
mostrador
de las bebidas en carne viva.
Efervescer de las copas entrechocadas,
verano de unas pirámides sin Egipto
que son nuestra diamantiNación, ases del intercambio de haces,
las hebillas
junto al empeine de las zombies
puestas a lamer ellas también, del pie a la cintura
hasta chupar lento.
Aquí cualquier instrumento
se vuelve instrumental
de una coreografía de varitocantes hadazuelos
que aún más te soplarían la nuca de verla incendiarse
la avivarían hasta acefalizar el cerebelo
en un frasquito de pooper.
Lo importante es que la vírgenes se entregan puras
de un putaísmo sin intención ni programa
de ancestrales amigas que se sueltan y comprenden.
De testigos
estan los pies mientras duermen
y no sueñan,
duermen, duermen ...
respiran a su manera de olas quietas
por lo cual diría:
la orilla siempre está cerca:
las plantillas que se acarician la detectan.
Aire del verano que se cuenta a lentejuelas,
rosario de las autómatas armándose al gesto.
La luna, entre esas muertas, transpira.
¿Y transpira de nuevo entre nosotros
los vivos
que salimos a los balcones a enfermarnos sin pantalones?
Mis muertos viven pero no enseñan ni los sueño.
Big-Bhang, Big-Khem,
sin pirámides ni arquetipos de regia especie
sólo este desierto de solistas en sus camarines etílicos.
Que los árboles sombreen y hamaquen, que agiten sus plumas
abanicando la duermevela de los que recién bajamos del escenario repleto.
Y al abarcar al público por el capítulo del deshacer la pose
extrajimos un baile que dejó rimando mal de astro a astro, de hocico a trompa hasta desrimmelar al alba.
Es la teoría de la hermandad y los dobles la que pira
con su práctica de la velocidad amorosa
vuelta tragedia de unas moléculas
en fulmínea comunionada.
Así se va de asalto
y no de empresa
para inseminar cada everfiesta que va menguando.
Tal como el Dr.John
del Mississipi profundo
(In Dog we lust)
navegando la nervadura-ahora
en la tetera del treck-Gong
lala musique que da la leche loca.
“Hacer familias pero de hermanas”
más las entidades que seduzcan sus trenzas
noche trasnoche
y una noche entre trece
lógrase
y en esa sola noche
pasan las trece noches de nuevo.
Aetir del alba rézame,
rézame mucho,
y a la madre:
res
de oreja a oreja insertada
¡moño del diosema!
de adentrófago dios inhalado:
¡late y late practisurco del LP chakrícola!
Pero si les doy miedo agarrándome el fémur
retírense antes de que ataque el Monde Squeletique!
Gracias, ya aplauden antes de que toquemos.
Ríe el corro de angélidos dorados sin sol, por sí mismos insolados.
El manequín, angel de sí, mana del sol con sus gafas de no-soy-yo.
Al-amén, al-emán:
alemanito que viniste a purgarte con trash latino
para que te apliquen la beca que te constipa allá.
Pero aquí
vamos de nosotros al mar y del mar al amazonas.
La vida nos puso la tina
y a deponer el oficinal socialiqueo de tu misa profesoral.
A veces la escueta fama entre treinta o cien
exige darse en eucaristía como si fuéramos estrellas
y será que lo somos
pero de especies atenuadas por una intensidad que devora
hacia un ojo silencioso
sin familia ni fans.
Pero agitando los más excéntricos vínculos sin fijación a la especie
hay esa mínima, tolerable garantía
de amanecer juntos en las playas.
Y aún cuando en ese aquietado espacio de estrellas
vayamos a titilar irreconocibles y distantes unos de otros
la memoria cintilar de la voz nos estará cifrando de nuevo
en un goteado eco de Arecibo ...
... vientos,
hermosos vientos que no nos peinan:
nos aman.
Les ofrecemos el habano, el rhum, la coca,
y cada agujero virtual o concreto.
Ventígero que se lleva formaciones de sábanas bajo la creciente y decreciente al segundo.
En las cápsulas del ladrido asciende el perro hacia el gato que lo descarta.
Sintonías desechas, silbatina de los muertos y serenos:
creo en los fantasmas
si cosmetizan su transparencia con talcos narcóticos
como nosotros en el tocador de hoy con la santísima muerte emética
dándole a la lengua lo que no tiene: letra.
Gran bien de la dentellada que desubjetiva y que desobjetivo
tragándose las porciones de un todo apendicial que centrifuga.
Hay una continua velocidad de sobrevuelo que ya no es de juicio
sino de vals:
contacto algo de tu luz, esqueleto, que me vuelve familia de unas pociones
capaces de pasar por el pasto, por el agua, por la sílaba.
La corriente a la que a veces empalmo es antigua y de novedad continua.
WhiteHead = Moon.
D-Less = n-sex.
MiYo = yang-trash.
2005.
***
Tristanne Le Monde
Er´ticas (2da entrega)
II
De cómo Estefanía disculpóse por haberme implorado que le pasase la lengua por el ano
El cuerpo tiene un órgano metafóricoes el lugar de todas las transmutacioneses el lugar poético por excelencia, el anoen sentido que es el lugardonde el niño y la niñase encuentran todavía, subrayando todavíasin el corte, sin la diferencia de los sexos.El lugar metafórico, el ano,mierda, niño, regalo, penetodo es intercambio.(..).
[1]El erotismo, cuando no es hecho a cortés servicio de una milenaria concepción, tiene como revés un enorme brebaje del cuerpo. Así y todo, Estefanía, habiendo absorbido la sequedad y grados ceros sexuales de su época, no podía componer con sus labios una manifestación de elocuente dependencia hacia otros labios, extranjeros a su fisonomía, sino que se trataba únicamente de una "transa". Para llevarlo a términos accesibles, la transa era el caligrama que se situaba como explicación (ensayaremos después el significado de las explicaciones, sobretodo de su fiel manera de opacar cualquier expresión de diferencia) de un acto que, sin ella, o sea sin la intervención de un lenguaje que fije una forma, no se aplicaba en realidad a ninguna infección buscada o, incluso, sentida. Después de todo yo no entendía cómo era que se podía arder lambeteando un fetiche salivado parido de un hongo de un ghetto, como lo era cualquier joven contemporáneo que acompañaba sus andanzas con la reafirmación de un "estilo". ¿Estilo para qué y en qué lugar y contra qué?. En la medida en que no pudieran responder ésto (o no responder, porque la respuesta es siempre una verbalización de un estado que se conoce previamente a la formulación de una pregunta, es decir, es su charlatana consecuencia), o al menos recrearlo en su gestualidad simbólica, uno podía asegurar con certeza que nada de ese discurso tenía sentido. Aunque es cierto que sabemos que un discurso sólo se explica desde su falta, es decir desde el absurdo, que no es más que su grado cero. Ahora bien, ¿qué lugar no es lo suficientemente absurdo como para darse el lujo de siquiera emplear esa denominación con respecto a otra cosa?, o, más bien, ¿qué lugar lo es, partiendo de la creencia de que existe al menos algo que no cae en esa categoría, como implica el mismo concepto de absurdo?.
La cuestión era, en todo caso, que los labios y el cuerpo entero de Estefanía, cuando se encaprichaban con los míos, no hacían más que ir corriéndome con violencia para atrás, dado que, cuando no respiraba con furia sobre mis mejillas, me empujaba hacia fuera de ella desde sus dulces ganas de poseerme. Es decir que hacia su mismo sexo (ya puedo manifestarlo: mi género equivale al de la niñita que se menciona tantas veces) no sabía construir un absurdo en el sexo, un revés, como así lo son las relaciones heterosexuales, que no se sirven de vidrios sino de anexos, como si de eso se tratara el deseo de poseer, o incluso de amar. Si, a pedido de su órgano, empezábamos a besarnos, a desatar un capricho bajo una coyuntura convencional, y estábamos paradas sobre, para poner una medida, una baldosa, la fuerza que ejercía contra mi cuerpo (porque el beso era también un campeonato, como por otra parte lo es todo en estos tiempos, y los mayores esfuerzos vitales se empeñan, de última, en un malabarismo de competencias; el Poder no deja cosa sin teñir) hacía que al instante nos encontrásemos tres baldosas más atrás, hacia mi lado. En un comienzo yo estaba hecha de marfil; Estefanía me malquistaba con su constante humanidad. Los ahogos que ella creaba eran estertóreos (a causa de la eterna pregunta: ¿por qué la satisfacción se amasaba sólo en el movimiento?), y, por esas asociaciones lógicas que nos ayuda a componer la publicidad de la multitud, se le encaprichó que una manera de hacer de esos ahogos un sistema de balsámicos gemidos era que yo mantuviera una fuerte presión en sus fisuras anales. Así empezó soportando mis dedos. Mis extremidades se horneaban mucho más ahora que podían ser la apoyatura de una abertura que encaraba, desde su punto final, una bifurcación carnosa que formaba la médula del cuerpo de Estefanía. Los ahogos eran rítmicos, y mis nervios sólo crujieron cuando sentí la blancura ventosa de uno de sus dientes sobre mi ombligo, código que, habíamos acordado, significaba que yo debía deslizar mi lengua sobre la superficie de su persona que mis dedos estuviesen acariciando. Mi dedo fugó su atención hacia sus piernas, pero el peso de Estefanía vino a recaer nuevamente sobre él, entendiendo por su peso la constitución que tiene como corteza su ano. Mi lengua era por entonces muy lingüística, y prefirió la sutileza de probar sus nalgas. Si a corta distancia el punto total de surgimiento de los fluidos se le antojaba apetecible, era cuestión de una sensibilidad del momento. El roce dio una árida primera impresión de glúteos de naranja y espuma de sandía. La endeblez y debilidad de mi carácter contribuyeron a que rápidamente deseara saborear el punto de intersección de tan bonitos gajos. Fue entonces que, mientras mi boca ensimismada escupía una tibia humareda sobre su ano, ampulosamente mugroso, se me ocurrió que a la controvertida sacralidad que se construyó alrededor de la poética popular no se le puede explicar otro origen que la idea de inteligencia que es también perteneciente a estos días: la robótica elocuencia para detectar secuencias que se suceden o, mejor dicho, la capacidad de la disociación (porque toda molécula, desde la de un cartón hasta la de un diente, está psicológicamente enraizada con cualquier otra de otro orden). Esta regurgitación teórica, gestada en mis entrañas más clitoridianas (tenía la sangre de un órgano vital externo a mí en mi garganta) influyó se ve en la potencia de mi lengua, que se allanó por entero dentro de su agujero anal. Cuando quise hablarle para comunicarle mi descubrimiento, sentí la certeza de que mi lengua hubiese acaparado su humedad, y que esa humedad la hubiese requerido toda. De alguna forma se quebró, de la médula de mi lengua quedaron migajas, y los elementos del lenguaje de los que me serví (que por otra parte nunca dejan de ser migaja del Acontecimiento) para recrear palabras fueron bien primitivos. Recibí de sus nervios un arqueamiento de cejas hacia la parte de la cara que converge en el comienzo de la nariz. Estefanía no podía haberse formulado un interrogante de esa envergadura, y entendí en el momento que era demasiado pedirle que comprendiera la conceptualización. "No… no creo que haya una idea de inteligencia hoy por hoy…", contestó, esforzando todo el vocabulario adquirido hasta entonces e intentando retrotraerse a alguna frase lúcida que por alguna casualidad le había quedado de alguna clase. "Seguíme cogiendo… dale…". Toda esta idea o novedad del fregamiento transpirado de cuerpos sin la inconveniencia de la preñez (que es, graciosamente, la respuesta a la insalubre incapacidad de amar que implica el sexo coercitivo) fascinaba a Estefanía a tal punto que trascendía, su deseo, lo que podía significarle mi persona; yo sabía muy bien que sólo por esto ella aceptaba tanto contacto.
QUEDA ESCRITO! (A SER CONTINUADO)
***
Liz Taylor
Lesbian Project (2da. entrega)
Calabacita retoza
Calabacita retoza con su chico a metros de mí,
sólo una puerta nos separa,
cielo e infierno en la misma hoguera.
Junto al café
la imagino cimbrar su cuerpo de animal esplendoroso,
la imagino urdiendo caricias dulces,
la imagino secretar jugos deliciosos,
jugos reparadores, para mi sed antigua.
No escucho nada,
sólo una leve agitación en el aire,
pequeñas corrientes que rozan mis mejillas,
es ella
que agita sus alas cuando hace el amor.
***
P.Rosa Barata
LA QUEJA (FRAGMENTO)
helicoide – versión – Bergson – verso - canción – estribillo – repetición - presente
El presente (sí, mi conclusión de siempre es que es un regalo, lo creo firmemente, pero ya es una frase hecha por mí y para mí, es plena, pero demasiado sintética y entonces se arriesga, a parecer una estupidez – soy mujer aparte, tengo cara de nena dicen, y si bien no me importa quedar como una pelotuda en determinadas ocasiones, es algo que ya hice y ya escribí en muchos lados, se repite en mi pensamiento, pero ahora quiero explayarme, quiero más, bueno, se entiende, no?)
Bueno, el presente es un elemento único en la cadena de palabras que armé.
... [cri cri, cri cri]
(Uy sí, con esto me expliqué un montón, pero bueno, es lo que decía al principio, tengo la premisa: “definiré el presente como nunca antes” y me engolosino con la idea, pero en el momento de avanzar – aprender- “presentar” (cómo me gusta hacer estas cosas), tropiezo, caigo, miento, retrocedo, repito, insisto, canto, recuerdo, olvido, escribo, escribo, escribo)
(Insoportable, no?)
Dentro del paréntesis puse “definiré el presente como nunca antes” y si bien allí “nunca antes” era un circunstancial de lugar ( de la partícula elidida “lo definí” que correspondería para completar la frase) ahora me doy cuenta de que podría ser interpretada la misma frase como “definiré `el presente´ como `nunca antes´”
Ahí está el punto del regalo para mí... el presente aunque parezca admitir la repetición, en realidad es como nunca antes. Quiero decir, la lectura de la repetición se construye desde con el pasado pero en el presetne no hay determinismo, el presetne, como nunca antes, permite redireccionar la repetición, crecerla en otros sentidos, hacer un árbol, una flor, un rizoma, y todas las metárforas vegetales que nos den la sensación de lo irregular, de la aventura, de la sensibilidad diferente (alien- ovni
[2]) y también de la inscripción en un cuerpo (tronco) o un chart, algo escrito, Enrique de Ofterdingen y vuelvo al surrealismo – x Novalis (es decir, por lo vegetal) y llego a Gaby (Bejerman) y vuelvo al presente (como si huebiera salido de él, tengo la hoja, el documento) y Gaby y escritura – PR€S€NT€ -
escribir – escribiendo
vivir – viviendo
gerundización
PR€S€NT€ Participio PR€S€NT€
€SCRIBI€NT€
VIVI€NT€
(Éste es el momento
aunque no sepa cómo decirlo,
cómo se presenta en mí
es suficiente
Otro participio
presente)1
AMANT€ CANTANT€
SUFICI€NT€ R€PIT€NT€
€FICI€NT€ R€PICANT€
COMP€T€NT€ V€RSANT€
La € sin género y su participación en el -€NTE (y –ANT€).
Versar es “tratar sobre” “alrededor de”
V€RSANT€
H€LICOIDANT€
con versos
€N fin
La €
(Creo que llevo horas escribiendo
sin cigarrillos, sin comer)
*
Chica Novarro
En el monte
Corro a lo lejos
lo lejos del monte
fiero
vuelvo al fruto
chupo la uva
succiono la bola
de uva de tierra
roja.
Mis tetas piden algo
brillo en las aureolas
mis tetas sedientas de barro
de barro bruto
rojo bolo fango dónde
el fruto
dónde
lo fiero.
Rajo el campo
pasto la tierra
tierra roja recocida
la sorbo la ardo
toda
en pampa dulce quiero
yo quiero contactos fieros.
Mis tetas piden algo
brillo en las aureolas
mis tetas sedientas de barro
un cacho de tierra
un cacho de palma
quiero enrame quiero trenze
coserme a las pampas
hilarme los pelos.
Hinco el fruto
me putre los dientes
ardo en el monte
yo quiero contactos fieros
un cacho de fango
quiero
un poco de tierra
me are las tetas
me gocen las palmas
me froten las pampas
quiero.
Mis tetas piden algo
brillo en las aureolas
mis tetas sedientas de barro
sorbo los bolos
me hincho de hilos
de vino me entran
agujeros como dedos.
Defleco los campos
desgrano las pampas
yo quiero contactos fieros
untarme las tetas
dulzor de los frutos
vino de tierra
ardor en las pampas
fieras.
Rodajo un pedazo
un cacho de pampa
arde
mis tetas brillan el fuego
mis tetas piden algo
brillo en las aureolas
mis tetas sedientas de barro
dónde
acallar mis tetas
apagar sus brillantes aureolas
toco toco
sed de teta sed de fango
dónde
el barro.
*
Lorelei Ríos Le Habre
manejar un auto con pasión
mentir de manera demencial
de mente con pasión
mantener la mente
en la mente ira
irita
con rueditas
de auto
con pasión
pasión e ira
irán?
servirán como motor?
como pasión?
mente e ira
irán
por la pasión
pasiva con
mí
mis ma
nos manejan
la ira
la pasión
ida ya
de las manos
manotean
un alto
un manto
de mente
orilla
de la ira.
*
Almita
El intercambio positivo
Se pone en práctica con habitualidad por actos de habla
Fallidos
En conjunción con actos de facto
No fallidos
Tal tipo de actos
constituyen en parte las reglas habituales de las relaciones afectivas
siendo difícil determinar
la correspondencia entre cada uno
y la eventual falla o no
La confianza, se lee, finalmente
cuando aparece lo literario “a tientas”
Y la confianza
Resuelve positivamente los blancos en las interpretaciones de los distintos actos
O si lo hace negativamente
La relación cambia de signo
Llevando a las destrucción de los relacionados
O simplemente a la evasión constante
Del conflicto
En sucesivos intentos especulares
Hasta la disolución
La vuelta al pasado
El examen de conciencia
la resignación
La materialidad cotidiana de las distintas sensaciones presentes
Imposibilitan la abstracción del proceso
Pero esa falta de abstracción
Que resulta en la inmediatez de lo concreto
Suele ser el único modo de llevar a cabo los distintos tipos de actos
Y esto probablemente tenga validez para todo tipo de relatividades vitales
Concluyendo súbita y naturalmente
Que las relaciones afectivas ocupan el total del universo de las relaciones
**************************************************************************************************************
billa
villafunsin@hotmail.com
*rma morán- adr*ana kogan-mat*as feldman -luc*a mond*no-el*zabeth neyra- eleonora *ran*- marcos lópez murphy- celeste salazar
iii/mmv/#ii
[1] Osvaldo Lamborghini, "La divertidísima canción de Diantre"
[2] [ pero un rizoma no es un árbol, no tiene raíz, no tiene estructura jerárquica ¿quién dice? Deleuze, claro, dice, DELETE]
I
billa
Fun sin
Diciembre 2oo4
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*Anna Flex- Y ahora van a decir
*Chica Novarro- Superficie
*EduArde- Cuiqui
*Almita- Un lugar
*Tristanne Le Monde- Eróticas (primera entrega)
*Liz Taylor- Lesbian Proyect (primera entrega)
***
Anna Flex
Y ahora van a decir que soy
feminista
no hay vuelta que darle
si no hay género
-femenino-
hay militancia
cierto
pero yo odio lo militar
o al menos
no lo quiero
pero entonces
le toco el culo
rompo la dinámica objeto-sujeto
también
me toco el culo
ah la masturbación
tampoco la militancia
el otro día un tipo que me gusta
me pegó al besarme
con la cara
con los anteojos
apresurado y tímido
y me preguntó si
me había pegado
y se disculpó si
me había pegado
es decir
me recalcó que
se había pegado
yo le contesté que sí
que un poco
me había pegado
y es verdad
me pegó
pero
yo también estaba apresurada y tímida
ni coqueta
mirando para abajo
nos chocamos
con los anteojos
no nos miramos
miramos nuestros respectivos objetos
con escrutinio
meticulosos
es decir
con ganas de meternos la mano en el culo
yo huí despavorida
refugiada en femenino
deseando
lo femenino de él
pero no
no es femenino
ni siquiera es más culino
ni feminista
ni machista, etcétera
es el amor
- el pavor-
de ser sujeto
a un objeto
y ser objeto
a un sujeto
objeto: ojete
sujeto su jeta
la boca y el culo
siempre abiertos.
***
Chica Novarro
Superficie
Quebrada
al borde del aire del resto de las cosas
que brada
al delineado contorneo de la craca de las cáscaras
anulada
anulándose a los siempre puntos céntricos del borde de las cosas
del resto del aire
y de todo lo demás
las tintas caen a un lado
anu lada
conservando su cintura estrechada por el aire de los bordes
crea
el gesto que subyace la creación incandescente
al eloico delineo inadecuado
de los rasposos derredores del resto de todo lo demás
de todo lo demás
que pincela que linea que lamiendo los puntos de las zonas inhallables
halla
encendiendo los bordes cascarados naranjados por el quiebre descentrado
/de todo lo demás
halla lo lindero
halla lo sondal
cuando todo lo demás
anulado el esférico costado de los huecos craquelados
vuelve succionado por el cúmulo densado de los hondos fondos basurales
devolviendo todo lo demás a la espejada superficie
y todo lo demás
ahí.
***
EduArde
CUIQUI
Hay drogas que nunca he probado porque creo que potenciarían cosas mías que, así como están ya me perturban bastante.
Por ejemplo, suelo tener la impresión de que se me acercan perros por el rabillo del ojo. En el pasillo que antecede a mi oficina hay un extinguidor en el suelo, cuando me siento de espaldas a la puerta, ese mismo bulto me engaña siempre, y volteo pensando que es un perro que viene a sorprenderme.
Solo hay un camino para ir a mi trabajo, y una cuadra antes de llegar mi temor se ha materializado en una perra cuyos dueños dejan andar suelta: no supera la altura de mis rodillas, tiene las tetas hinchadas, cuando está en celo o tiene cría, sale amenazante al cruce de todos los transeúntes, todavía no mordió a nadie pero a mí me dedica bastante atención, creo que huele mi miedo.
Estos días sentí que necesitaba tener un amigo hombre, hay cosas que es incómodo contarle a una mujer. Pero mi mala costumbre de no poder verlos como amigos me impide tener uno: los heterosexuales se espantan por mis intenciones, los homosexuales por mi posesividad, y el resto me despierta muy poco interés.
Hace unas semanas Florencia cumplió 30 años, a ella su cumpleaños la deprime como a mí, mucho más en realidad. La llamé por telefono y luego pasé a visitarla, un poco mal predispuesto porque cuando está triste se pone muy agresiva para defenderse.
Lamentablemente la vi vulnerable, necesitada de compañía, de a ratos lagrimeaba e inmediatamente sonreía como avergonzada.
Podría haberla abrazado años, respirando ese aliento a nada en especial que tenía, que me hacía desear besarla, y redefinía para mí todos los olores del cuerpo femenino, antes asociados a descompuestos productos de pescadería, a castración, a vaginas dentadas como la boca de un calamar gigante esperando entre sus tentáculos para expropiarme mi pene.
Su imagen acongojada me mantuvo embelesado durante días, pisando caca de perro por las veredas, resistiendo las embestidas de la gente apurada que caminaba en sentido opuesto a mí, y de los postes de electricidad que se cruzaban en mi camino. Trataba de recordar lo mala que es casi siempre para salir de ese estado.
Ella me invitó a salir varias veces en estos días, yo especulaba hasta último momento con la posibilidad de ir pero finalmente le avisaba que no iba.
-Estás un poco histérico conmigo, me dijo la última vez
-pero ya te voy a conquistar.
Este domingo fue mi cumpleaños, me pasé el día en la cama recibiendo llamados de gente que quiero mucho, pero no tenía ganas de ver. A las 5 de la tarde me llamó ella para salir a pasear, y contesté que sí sin dar vueltas.
Me gustó verla de nuevo, el aire amable permanecía en su cara, caminábamos abrazados y cada tanto me acariciaba el pelo sin que yo me resistiera.
La invité a comer a casa, compré un litro de gaseosa para ella y para mí un litro de cerveza que -una vez ingerido- me obligo a admitir que quería que se quedara a dormir.
Hasta el día de hoy no me he deshecho de mi coraza de amigo gay, creo que algún día me van a dejar entrar al baño de mujeres gracias a ella.
En fin, conversamos largamente, jugueteando con el inminente corrimiento de dicha coraza, mi miedo la divertía pero su gesto perverso me causa ahora mucha ternura. Como siempre que la situación está en mis manos, no pasó nada, pero después de que se fue no sentí frustración sino alegría de estar frente a frente con mi miedo, porque cuando no está escondido es más fácil enfrentarlo, y aunque mi conducta no había sido la más valiente, mi indecisión se estaba desvaneciendo y sabía que a algo me llevaría todo esto.
Me acosté a dormir contento, sosegado, entonces soñé que caminaba por la cuadra de mi trabajo, la perra estaba acostada en la vereda, miraba de reojo, pero si no le llamaba la atención, me dejaría pasar en paz. No obstante, pasé caminando como quien entra a una pista bailando música disco, desafiando deliberadamente a la perra que se abalanzó sobre mi para morderme los huevos, y me hizo despertar gritando de miedo.
***
Almita
Un lugar relativo
Visto desde otro punto de vista
Un mapa de relaciones
Un espacio, una molécula
Solar
La carga semántica
El afecto
Un estímulo
Otro paisaje para el eje
Juntamos un montón de cajas
Y efectuamos el movimiento
Por quince días
Tres espacios paralelos
Y firmamos además
Una serie de papeles
Nos dedicamos a la detección de basura
Una nueva lectura de la actualidad
Aproximativa
Para llevar
Una cierta disposición solar
Fundamental
Emplazada en un sitio tranquilo
Pero central
Un ojo de tormenta
Para asistir a los eventos deseados
Y en la conjunción de los deseos
Una infraestructura resistente y elegante
Con algo de buena vista
Sin nada más que decidir
Solo habitar
La limpieza procede a aquello que no constituye novedad
La limpieza corresponde a lo pactado
Ahora ilusorio
El enfrentamiento con los objetos materiales del pasado
Y con sus correspondientes discursos asociados y espontáneos
Produce un choque disolutivo
A primera instancia una desilusión
Pero a fin de cuentas una alegría
El abandono
Una alegría
La terminación
No determinación
Sin detención
La eyección
De ciertas partículas
No convenientes a priori con el nuevo espacio
El vocabulario
Resistente al cambio
Organiza
Una serie de chistes alusivos
Que complementan la transformación
La resistencia solar
A ser comprobada
La vitalidad
Encendida a la resistencia
El sentido equívoco de lo previsto
Saboreado en su máxima adecuación
Puede proporcionar una variante de prueba
Frente a la sensación concreta
El vértigo cede ante la acción
Con cierto riesgo de producirlo
Y en eso un titilante golpeteo
Oficia de base armónica y musical
Al ritmo
Proceden los elementos
Se ajustan
Se desequilibran por momentos
El elemento ordenador
El sol
El trabajo
Eyección
Prueba de felicidad
***
Tristanne Le Monde
Eróticas (primera entrega)
Eróticas (título provisorio)
Raza sobre la que pesa una maldición y que tiene que vivir en mentira y perjurio, ya que sabe que se tiene por punible y bochornoso, por inconfesable, su deseo, lo que constituye para cada criatura la máxima dulzura del vivir(...).
Marcel Proust
[1]Verbalización
Este prólogo, que debe ser estrambótico, nace del impulso de toda una línea teórica, sobre la que me ocuparé durante todas mis tardes entumecidas, con la cual hacer descansar en mi interior la verdadera gracia de estas eróticas, que es la de la diversión (o secreción de un semen de angustiosas imposibilidades) sensual de mis Letras.
Es decir, de las tibiezas más enervadas que vivieron mis días, la de encontrarme a los 17 años sin una patria del espíritu es una de las peores. Delirio afiebrado al que escapan, éstas, mis eróticas.
Para diagramar cierta coherencia con los estadíos superficiales de esta cultura grasienta, de esta nadería argentina, y en parte también para insertar mi cuerpo (ya para esta época en harapos) en una inmanencia más en concordancia con mi medio y situación (de ser por mi espíritu ya me habría vestido con un chaleco amarillo y estaría componiendo mundanidades longevas), me referiré al único personaje en teoría ajeno al yo (o a esa infortunada desterritorialización del yo que flota sobre el médano del texto marchito que reúne estas eróticas), Estefanía, como a una aparición casi mítica que, si bien tiene una embajadora física en lo Real, se diferencia por mucho de la que mi caligrama corpóreo (es decir el yo físico que no entienden las líneas), teniendo por inspiración a la ya nombrada, compuso como propia.
Llevando a una explicación teleológica la naturaleza de estas vulvas infectadas, y además para honrar la finalidad que los cerebelos vírgenes y ametódicos de mi cultura encuentran en cada giro de una expresión áurea (y tan ronca), diré que a estos textos los parieron una situación de asombro: la profunda y fatal virtualización del discurso lenguado. Si el modernismo se cuidó de cualquier excentricismo injustificado entre un significante y su significado, es porque mientras dormía veía que la Razón no partía de ninguna credibilidad sensible, en un sentido poético. La computadora, entonces, vino a traer un desligamiento que trascendió esos estadíos oníricos, digitalizando musicalmente, y sin avaricia, las barrosas instantáneas humanas en una pintura movible. La letra es arcaica ya, y no puede moverse de su banquito.
Estefanía es una ambivivalísima fiel de estas condiciones. Mi cavernosa negación de estas últimas hizo que mi cuerpo quedara imaginariamente prendado para siempre a sus gestos (Cuando hago referencia al Poder personificado, no estoy sino explicando una posible causa al fenómeno: a esta altura no es compatible con la realidad el hecho de que uno tenga ganas de no querer ligarse a una inmanencia externa y pueda lograrlo). Y el lirismo trajeado y gracioso de la narración intenta, descuajeringado, reproducir toda esta ironía.
(...)De repente, toda esa disconformidad que había encarado, por lo visto, mi esqueleto almático (asmático) hasta entonces, esta razón apasionada contra cualquier fijación de una norma sobre un accidente o un capricho de nuestro carácter (léase, también, cierto desapego intrínseco hacia una sociedad desmoldándose), tomó la forma, se cuajó, en este despecho, desafío tanguero, a lo lingüístico y todo lo que hasta ahora se adivina por estas páginas. Después vendría una revolución, pero más adelante. Instantes en los que me solidarizaría hasta la pulverización solar con cualquier lucha armada contra las peripecias de los sistemas de lenguaje. Porque encaja muy bien, mi aislamiento, mi sedentarismo visceral, mi famelismo sexual, si de por medio se cuela un mecanismo que, por un rechazo, aunque filosófico (da lo mismo si concierne a mi individualidad, por más afiebrada de letras que esté), nunca arranca y es esencialísimo si uno se quiere dar a entender.
Un sentido me desempolva teclas informáticas sobre un punto rosado de lo odorífero de la lengua. A esta hora y altura epocal sé que el conocimiento es eso. No porque en las eróticas, en lo poquito, en la nada de roces que poco tienen de magnos, haya poco material épico. Es anacrónico ya incluso predecir un longevo desmoronamiento e incluso con esa afirmación intentar decir algo blasfemamente un poco universal. Tal como se me hace percibir la Literatura en el colegio (ya la posición me carcajea) es la de un virtuosísimo goce de la nada.
No debe verse este texto sino con forma de fisonomía pirameidal, pero invertidamente (como el sexo del que aquí se habla, como el igualísimo Inferno), hacia abajo, en donde la variable imperante es su nivel de Belleza (osé un concepto grave). Es decir, el movimiento cadente y progresivo de teoricismos, que se infiltran en los momentos eróticos más ardibles (no ardientes puesto que no son en la hoja y de eso se tiene triste conciencia) e inmolantes, se correlacionan con un acto político y de intepretación de una cultura. Habiendo arruinado belleza, dejo hablar a mi discurso.
En poco tiempo voy a rellenar este prólogo.
Punto total.
III
Del fabuloso encantamiento que trae el verbalizar (aunque de mucho no sirva) una vieja Analogía, peculiar y misteriosa
En vez de deletrear con cierta soberbia lo que unificada y concienzudamente sería una buena pieza poética, con el título almidonado de "Mi grupo de Bloomsbury o un mundo de Guermantes" (iba a empezar, justo, con un monólogo monogámico de conceptos entrecruzados y opuestos), se me dio por, una vez que hube comprobado que sí, que mi furia contra las salivas internetizadas (salivas por lingüísticas y por lenguadas al mismo tiempo) era indudablemente un rasgo de una fineza deliciosa probablemente insaboreable para los paladares hervidos de estos días (pero qué gran privilegio), se me dio por, como decía (el posible lector de todo esto comprende que lo intrincado de los giros oracionales es, por otra parte con una obviedad almost inconfesable, querido, pero no por eso dejo de compadecerme de su argentinismo), querer saltar escalones hacia abajo en mi edificio. Un sol había salido nuevamente hoy, y para honrarlo había pasado toda la mañana refregando lo que yo sospechaba eran mis glándulas del sexo contra las mortuorias sábanas. Ay, tanta rigurosidad pero uno podía leer sonrisas de orgasmos hasta en los escritores más hermenéuticos, aquellos que más se empecinaban en cuestiones propias de la escritura. Era cierto, como ya lo venía previendo, que hasta el Poeta abandonaba su atril y se dedicaba a desabrocharse sus pantalones, hasta el Poeta tejía relaciones, había encontrado cuerpos con los que después de todo enganchaba su unicidad. De más está aclarar que no era, ése, mi caso. Aunque no puedo dejar de confesar que si salí a la urbanidad esa tarde para empilcharme de una pesadez calórica casi anárquica fue con el único gusto de bajar los escalones frescos desde mi departamento hasta la salida (es decir, no había, y tengo inevitablemente mucha razón al decir ésto, atracciones reales fuera de eso). En algún punto me parecería conveniente referirme, o explicar, algo relacionado a mi masturbadamente exacerbado desdén hacia la cultura argentina; o, mejor dicho, hablar de la sensación desde un metatexto, como para no involucrarme demasiado. En algún otro momento será. Por ahora, y aunque no sea por algo distinto que la impaciencia, me centro en Estefanía.
Es decir que la chapa sólida que fue mi cuerpo cuando el sol vino a recibir con el mismo gesto que les pone a todos en un mismo día mi interés coetáneo por caminar por una ciudad (tan inexplicable como el que los jóvenes tienen por pasarse desde cierta hora de la madrugada hasta las seis o siete en una fiesta, donde Holden nos dice que no tiene sentido estar si no se tiene una mujer que a uno le gusta verdaderamente o alcohol, cosas con las que no estaba familiarizada, con la primera porque no conocía el verbo gustar para mí y para todos, sólo el de infeccionarse, y la segunda porque me causaba gracia), la chapa, decía, crujió un poco, y necesité un lugar cerrado. Estefanía manejaba por entonces. El impulso primitivo había sido recorrer escalones, y una ciudad no hacía diferencia. Recorrerlas en un lugar cerrado; podía abreviar la conceptualización, concentrarla en la imagen de un auto. Es un lugar común en estos días, enunciar objetos sin descubrir sus entramados o los deseos que, en todo caso, nos hicieron caer en su necesidad (¿es por eso la desterritorealization, o su imperiosa necesidad?). Así se nos pierden gran parte de nuestras pequeñas inmanencias, siempre lo pienso, pero después de todo sería curioso conocer un sistema referencial comparativo desde el cual lamentarnos de esa flaqueza (puede apreciarse que ninguna época parece haber dejado constancia de algo parecido, aunque esto excluya la Literatura, pero eso es una esfera aparte). No voy a dar cuentas acá de los componentes vivos y elementos sensibles que hacían a la fisonomía total de la calle para no estropear cierto posible lirismo, sólo voy a decir que se vio a la mujercita que ya nombré un sinnúmero de veces aparecer, o más bien se vio su cara de situación adentro de la máquina nueva que era de su pertenencia. Qué extraño, una contextualización. No voy a perder demasiado tiempo en ésta: en breve lapso temporal estaba sentada a su lado, al lado de Estefanía, viendo cómo hacía acelerar febrilmente el motor. Es curioso cómo no se aprenden cuestiones esenciales del intelecto si se combina este hecho en un mismo curso de registros con el hecho de que sí se aprende masivamente a manejar una máquina. Cómo no los atemoriza la posibilidad furiosa, el roce, o el mismo acontecimiento de moverse. Yo, por ejemplo, nunca hubiese considerado hacer lo que la hembrita a mi lado estaba haciendo, es decir, no hubiese corporizado tanta naturalidad; y no porque no pudiese manejar con insuperable habilidad y óptima destreza, como en algunas ocasiones había comprobado que me era posible, sino porque, jovencísima, no podía desenclaustrar de mis impresiones mi imagen de una inexperta ameba que no tiene extremidades para tomar contacto físico con las cosas. Como referí, era la aceleración fuerte la que gustaba al andar propio de Estefanía, pero no con el fin de acelerar la velocidad real del auto sino con la tentativa de escuchar los vahídos. Ya desde ahí, entones, percibí en esta manía algo longevo y personal. No le hablé y apoyé mis nalgas encima de sus piernas; tapándole un poco los ojos, que ella entornaba de vez en cuando para no tener que pedirme que dejara de hacerle lo que ahora voy a describir, le besé cada espacio de piel que tuviese en su cara. Dejándose hacer, yo veía cómo sus lados nasales se extendían y achicaban, y como sutil consecuencia mi tacto se afloraba con el ataque de su aire respirado. "¿Querés que pare para cojer?", concluyó a mis besos, "no tiene sentido que vos te descargues y yo tenga que prestar atención al resto de los tarados que manejan". Podría haber optado, vista la conjetura vulgar de Estefanía, por correrme a un costado y asquearme de su excesivo uso como plastificado de la lengua, pero se me figuró que eso lo hubiese hecho de no estar enamorada; en suma, puede extraerse como pícara conclusión cierta ventaja de la inversión: recuerdo que hasta sus hediondos alientos me resultaban deseables. Entonces, en vista de la animalidad de su inteligencia y de la rusticidad con la que esa mujercita organizaba sus esquemas lógicos, no sentí menos que un deseo muy astuto de abrazarla y proteger su calidez. Alejó un poco los labios, para que yo tuviera que ir, con mi cabeza, a buscarlos, y así tener ella una mejor visión para concretar una maniobra. "Sí, voy a parar". Frenó torpemente, apagó el motor, como le habían mostrado que se debía hacer (porque los juegos que tenía conmigo eran también los de una judía obediente), y fundió las ganas de sus órganos con lo corpóreo de mi exaltación. Así y todo, como ya en algunas ocasiones lo dije, había que querer a Estefanía salteándose sus límites de la materia para verse satisfecha con sus caricias: eran tan melindrosas y azuladas, tan hechas de jugadas veloces, que podría haber tenido motivos para pensar que las daba sin ganas. En el fondo, no era cierto. Aunque si llevaba todas las situaciones al plano de un campeonato de infinitas comparaciones, como me había acostumbrado desde que había dejado de asociar tan ingenuamente una caricia con su idea o incluso con su supuesto vínculo con la sensación que hacía aparecérsenos al nombarla, no era cognoscible la certidumbre o su contrario. Los pocos minutos en los que me ocupé de esas agudezas debí de haber paralizado el resto de mis miembros, porque sentí un golpecito en el cráneo dado por la mano de mi amiga. "Basta, ya no quiero", le anuncié; por primera vez la posesión de una mujer me era menos inflamable que el seguimiento de un hilo de teoría. "No, ahora que estamos acá y que me hiciste parar, me cojés", razonó. Inmutable. "Bueno, si no empezás vos lo tengo que hacer yo, para variar, ¿no?". Me aterroricé porque me había dado cuenta de que yo no iba a saber desprenderle la camiseta que llevaba; tenía ese sistema de nudos que por inercia nunca sé desentrañar. A todo esto ella me había desnudado, y yo me veía todavía tardando en desprenderle el primer botón de sus pantalones. "Aijj, dejá que lo hago yo, vos desprendéme lo de arriba". "No sé si voy a poder...". Se cristalizó la furia en sus pupilas y, poniendo sus manos en mi cintura, me empujó hacia el otro asiento, devolviéndome con indiferencia la ropa que ella sí había sabido quitarme. "Si no te pasa nada conmigo, se resuelve diciéndolo, pero no te permito que me hagas esto". Un poco a la medida de la ironía proustiana, en donde el evento en sí (es decir lo, ja, inmanente, lo significable, aunque ahí esté la tinta desparramada por hojas para cuya elaboración alguna vez se tuvo que realizar algún procedimiento químico) se nos resbala siempre y acaba, graciosamente, por resultar inenarrable, como por una ley del aburrimiento o la inercia, yo miraba la expresión de mi compañerita, ahora entumecida de angustia, con un poco de molestia en cuanto que la frase que la había ofendido era, a mi modo de ver, desprovista de cualquier signo de ofensa. De haber tenido, mis días, algo narrable, hubiese intentado seducir una reconciliación por ese lado. Pero se apreciará que si no lo esparcí por estas páginas hasta entonces es porque a tal cosa no se le ocurrió existir, al menos por ahora. Estefanía me había resultado demasiado apetecible durante tanto tiempo en el que ni había salido del pensamiento de imposibilidad de contarle mi apasionamiento siquiera, y ver que se le germinaban lágrimas porque sospechaba que yo no la quería me resultó demasiado virtual.
De todas formas, fue cuando se dispuso a arrancar que empezaron los tumultos verdaderos por los que existe esta débil narración, porque en el momento en que Estefanía pretendió traer a otra vida momentánea (es lo que se hace en el segmento que se forma entre que se prende y se apaga un auto, una illusion comique que pone en evidencia cuánto queremos que se nos parezca a nuestra vida), al menos en el tiempo en que la mantuviera andando, a su nueva máquina, se dio cuenta de que estaba absolutamente muerta. A su decepción de tipo carnal se sumó esta nueva decepción. Intentaba con odio arrancar, pero no terminaba nunca de contraer contacto. Era una burla el sonido del motor, y tan insistente era la picardía con la que había decidido agasajar el dominio de Estefanía sobre él, que estaba definitivamente empeñada en no ceder, en no romper la tensión superficial de la broma; la respiración de mi mujercita se hizo de repente libidinosa a mis oídos. La naturaleza de la negación de un motor, y en especial la de un motor con el que estuviera ligada yo misma (ya sea porque le pertenecía a un auto que me era familiar, o porque le guardaba un rencor antiguo) me había obstruido siempre el fluir habitual de la frialdad que mostraba siempre hacia el devenir de las cosas. En mi infancia, sobretodo, este hecho peculiar era causa de mis mayores tempestades, a tal punto me era intolerable. Insoportabilidad nunca revisada, empecé a darme cuenta de qué sabia había sido la falta de inquisición sobre el asunto hasta entonces, porque enganché brillantemente la causa de la misma cuando se me presentó el sentimiento (descripto a continuación) ante esta rara situación, la de ver matizados en una misma secuencia los ritmos respiratorios de una mujer que quería con locura con la muerte sucesiva, y en oleadas breves, de un motor. Ese sentimiento no se dio estando yo indeferenciada sobre una merienda costumbrista (en donde se toma café, como uno de los rituales); más bien, el desapego al tipo de lucubraciones buscadas voluntariamente a cambio de un derrochero expansivo y rabioso de los rozamientos múltiples de nuestra individualidad con objetos que, por capricho intestinal, nos conciernen en determinados momentos, saboreé lo que es la médula de este relato, que me llevó a una inevitable y transpiradísima garcha genuina (y continua) con mi compañera.
Ensayemos. Al principio, había sido un esquema que había serpenteado, con zarandeos mugrosos (porque acababan de comunicarle a Estefanía que podía no inspirar una excitación fatal en otros), atravesando los recovecos no tan estrambóticos de las neuronas famélicas de mi mujercita, que tenía como centro de la cuestión arrancar un vehículo para huir del asunto bochornoso. Tan diáfano su cuerpo, conectado por cables vivos, que se había abocado, su mano, a realizar lo que una célula no está habilitada a realizar, que es pasar de su constitución casi inerte a un Evento. Y entonces había querido prender un motor, que se reveló achacoso, mezquino, muerto. Lo belicoso del acontecimiento, aun hecho para ser corriente y hasta virtuoso (se entenderá que mi descubrimiento, aunque personal, le atañe a una universalidad que, de ser menos amebosa, habría ya inventado hasta un concepto que lo designe con ligereza y gracia), era una mafiosa decrepitud que atentaba contra la bondad fluyente de Estefanía. Los nervios se le quebraron de golpe. Sentido, era una sucesión adornada de una impotencia empapada de gloria, una gloria hasta inmanente, los ruidos del motor, así, así y así, un velorio en el que se hubiese puesto confianza en una respiración boca a boca; por otra parte, la ingominiosa respuesta turbadoramente (para un ser precoz, es decir de precocidad epocal) servicial de la naturaleza constitutiva de las cosas, que no se licenciaba nunca, había acostumbrado a mujercitas como Estefanía a una perduración eterna y sucesiva (porque no por esto dejaban de despertar día a día) de la lealtad hacia ellas que, desde la publicidad al menos, estaba sumamente garantizada. Son este tipo de incidentes, es decir la quisquillosa extrañeza que le adhieren de repente a la tan fabulosa copulación que las personas se diagraman en su relación con lo que es tan tangible, los que ocultamente diseñan, con distintos matices, hechos como los que se dan en una reunión de entendidos fashions cuando se arquean los nervios al hacerse afirmaciones del tipo: "Ese tipo de situaciones, tan estraflarias y mimetizadas de un ímpetu de clave dialéctica (porque así se aprovecha para hacer resonar un asentado y conforme repertorio filosófico en una Conversación de Amigos, lugar donde uno quisiera hacer gala de su cúmulo de raras curiosidades que desembocan en los grandes textos dulzones, y sólo consigue despegar de sí vagas fórmulas) suelen dejar traumas fuertes en la sensibilidad de las personas, aunque no a todas con igual fuerza". Ese y otro tipo de lucubraciones de la misma naturaleza, dando un giro, estos hechos, para hacer más potable la comprensión, son los que ponen en cuestión la reproducción y difamación de los conceptos que ciertas capas sociales de acceso recogen con saña y, por mecanismos de dominación, hacen que su invertebrada ignorancia influya inevitablemente en los congresos clandestinos de pensadores, en donde uno se pregunta qué vinieron viendo hasta entonces de la vida estos señores, o incluso cómo es que invirtieron tan equivocadamente el proceso de conocimiento, al pronunciar cual sentencia conjeturas acerca del carácter humano que daría vergüenza pronunciar de haber experimentado un poco la conexión del ideal con la vivencia. Yendo al caso particular de la niñita Estefanía, la negación de un arranque evidenciaba estas lagunas, rasguños o grietas sobre el virtuosismo de un mecanismo. Mi hembrita hacía brotar costillas de sangre y órganos sobre la ilusoria eficacia de la verbalización; henos aquí otra sutil decepión, algo nuevamente roto. Claro que esta malabarista red de logicismos no le penetraron la sensibilidad a Estefanía, pero fueron, desde un azul dorado elocuente, es decir, desde donde se fijan las más altas elevaciones del trajinar humano, perpetuadas por mí, o por el yo total que había trascendido todos los fragmentos de un mismo yo bifurcado y cortado por las distinas edades que la cultura de masas nos obliga a distinguir. Todos los ácidos latidos del sexo que vienen, una vez que se activan, a recaer en pendiente hacia el órgano para el que fueron hechos, arrancaron (ah, ellos sí) y quisieron ligar su continuidad hacia el cuerpo que tenía el contenido de su deseo abierto aunque mutilado. Todo este universo de sutiles concordancias entre el cuerpo de una mujercita enfurecida y el capicho de un motor, entre un motor y un desvanecimiento infantil, entre una imposibilidad y una realización de tamaña índole, nacía, o regresaba, de la idea, del disparador (porque cuando no está uno en crisis con la mentira puede sonreírle amablemente a la Palabra y susurrarle, piropeándola: "sos un disparador y no una anulación, queridísima") de la Analogía.
Lo que vino después es cognoscible. La rendija vaginal de Estefanía se vio colisonada; era clandestino el hecho de que, dádose el encubrimiento verdoso de la Analogía (es decir, había henebrado una variación en un plano mental exclusivamente), me había como porque sí brotado un bulto justo debajo de donde por dentro está el útero. Una verga característica de la prostitución más populosa, más dada a la vida, se había engendrado para ver cómo penetraba un canal noble y algo averiado (porque Estefanía había puesto en desuso su vagina desde que no fornicaba con la Virilidad). La judiita se diagramó una sospecha, por entonces "Pero si tus manos están en la boca, en las tetas; pero... no son dedos...". Y ahí su registro visual vio una majestuosísima pija, obstruyéndole, desdibujándole sus labios, su fisura anal y el resto. La camiseta celosa de Estefanía se había quitado por sí sola, a causa de su jusficada timidez frente a la aparatosa estatua de carne. Y más tarde el órgano provisorio, casi falaz, se desintegró adentro de mi criaturita, y fue parte de las náuseas que por lo general tienen las vaginas, cuando se empachan, al entendimiento como flujo.
***
Liz Taylor
Lesbian Proyect (1ra. entrega)
Aparición de calabacita
Dulce nena, cómo te explico
cómo lo hago para decirte
que desde que llegaste
a impregnar mi casa
con tu belleza trágica
pareciera que no duermo
vivo en un permanente ensueño
entre la angustia y el cielo
que se vislumbra al borde de tus ojos
Dulce nena
no te vayas todavía
quédate un rato más
rondando mi corazón
que florece al unísono con los ciruelos de la calle
Fresas
se me ocurre que tu coño debe oler a fresas con crema pastelera
No sabes cómo quisiera comer de él
pastar en él
dormir una siesta allí
entre almohadas perfumadas
refrescarme luego en tu humedad genital
Dame los olores de tus profundidades
quiero llevar ese olor conmigo el día entero,
entre mis dedos, en mi lengua, por dentro
¿Cómo será llevar tu olor por dentro?
Mi útero
te regalo mi útero,
no sé qué podrías hacer con él, pero se me ocurre dártelo
También te corono reina con un toque de mi falo celestial
ése que crece en medio de la frente y llega al cielo para escribir tu nombre con sangre escarlata
Espada del espíritu que quiere atravesarte para bendecirte
Tu sangre
me voy a tomar tu sangre menstrual, como un vampiro.
Haré con ella un rico cóctail
agregaré tomate y pimienta negra
¿Acaso no crees que me la puedo tragar toda?
No sabes la de cosas que he tragado en estos años...
Vamos, insisto, cómete mi útero
Máscalo como si fuera una caluga
máscalo, como mascas las frutas por la mañana
Afuera mis entrañas
te regalo también mis entrañas
en total campaña de donación de órganos
A propósito de órganos, orgasma en mi boca, nena
Dame las perlas que guardas en tu concha
para hacer con ellas un bonito collar
que llevaré en las fiestas más elegantes
Muéstrame tus tetas y yo te muestro las mías
dejémoslas jugar
Aprisióname con ellas
dame de beber de tus pezones intergalácticos esa leche metafísica que me hará escribir como los dioses
Voy a hacer con tu leche la página en blanco donde bordar mis versos negros
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Vamos linda, teje algo para mí, que estoy cansada y siento pena
Prométeme que tejerás un corazón nuevo para mí,
uno con colores estridentes y lana gruesa.
Sinceramente
no creo que vos tejás para no pensar en nada
como dijiste que dijo Cortázar de las mujeres
Creo que vos lo hacés hábilmente
para enredar el mundo en las hebras
y dejarnos a todos anudados a ellas
todos prendidos a tu personal diseño
Vamos nena, teje para mí, algo que me abrigue porque hace años que tengo frío, teje una prenda que tenga en cada punto una partícula de tí, una célula muerta desprendida de tus dedos, para así llevarte repartida y multiplicada Nadie sospecharía de una inocente bufanda.
Vamos, mírame con esos ojos de ensueño y baila
para yo quedarme mirándote moverte así
como luchando cuerpo a cuerpo con un enemigo implacable
dolorosa,
bailando a pesar tuyo para restablecer el equilibrio del universo
Muévete en coreografía nupcial, abre como puertas tus caderas y déjame entrar al lujoso espacio que reservas para el amor. Imagino un hall con paredes de terciopelo azul y sillones como labios, muy rojos, cortinas rozas ondulando al viento como las blondas de tu sexo
Las blondas de tu sexo
abiertas como un libro de páginas sagradas
Déjame leer tus labios
abrirlos como abro un libro
con delicadeza posar la yema de mis dedos
humedecidos
con delicadeza posar mi lengua
y recorrer con ella la extensión de las páginas rozas y satinadas
las páginas que quiero que me muestres
para desprender de ellas
con los ojos de mi lengua
el más insondable misterio
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billa
villafunsin@hotmail.com
*rma morán- adr*ana kogan-eduardo zabala-luc*a mond*no-el*zabeth neyra
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[1] Marcel Proust, En busca del tiempo perdido, Sodoma y Gomorra. Buenos Aires: Ed. Pluma y Papel, 1999. Trad.: Pedro Salinas. pp. 17.